El duelo no es lineal: sentir dolor otra vez no significa retroceder

Volver a sentir dolor no significa que regresaste al principio. Tú ya no estás en el mismo lugar desde el que comenzaste.

Hay una frase que se escucha mucho después de una pérdida:

“Yo pensé que ya estaba mejor, pero otra vez me siento como al principio”.

Puede pasar después de varias semanas o incluso meses. Tal vez ya habías regresado al trabajo, estabas durmiendo un poco mejor, comenzabas a salir otra vez y había momentos en los que podías hablar de esa persona sin llorar.

Entonces sucede algo.

Escuchas una canción que te la recuerda, encuentras una fotografía, llega una fecha importante o alguien hace un comentario que, en otro momento, quizá no habría significado demasiado. Y de pronto vuelve esa tristeza que creías que ya estaba quedando atrás.

Entonces aparece una pregunta que puede doler todavía más:

“¿Significa que no he avanzado nada?”

No necesariamente.

El problema puede estar en la idea que tenemos sobre cómo debería funcionar el duelo. Muchas veces lo imaginamos como un camino que comienza en un punto y termina en otro, como si cada semana tuviéramos que sentirnos un poquito mejor que la anterior.

Pero el duelo no suele funcionar así.

El duelo no es una escalera

Cuando pensamos en avanzar, normalmente imaginamos una línea.

Primero estoy muy mal. Después estoy un poco menos mal. Luego mejor. Más adelante, mucho mejor y finalmente estoy bien.

Sería maravilloso que siempre funcionara de esa manera, pero las emociones humanas son bastante más desordenadas.

Durante un duelo puedes tener una mañana difícil y una tarde tranquila. Puedes pasar varios días sintiéndote relativamente bien y llorar el domingo porque viste algo que te recordó a la persona que murió.

También puedes reírte mientras estás viviendo un duelo.

Y eso no significa que quieras menos a quien perdiste.

Las investigaciones sobre el duelo han encontrado que las personas no siguen una sola trayectoria después de una pérdida. Algunas experimentan un dolor muy intenso que poco a poco disminuye. Otras mantienen bastante estabilidad y hay personas que tienen dificultades importantes durante periodos más largos.

No existe una sola manera de vivirlo.

¿Y qué pasa con las famosas cinco etapas del duelo?

Seguramente las has escuchado alguna vez: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

El modelo está relacionado con el trabajo de la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross y, con los años, terminó convirtiéndose en una de las explicaciones más conocidas sobre el duelo.

El problema aparece cuando entendemos esas etapas como estaciones obligatorias de un viaje, como si primero tuviéramos que pasar por una, después por otra y finalmente llegar a la aceptación.

Hoy sabemos que el duelo puede ser bastante más complejo.

Las personas no necesariamente experimentan esas emociones en ese orden. Tampoco tienen que experimentar todas y, además, pueden sentir varias al mismo tiempo.

Por eso quizá sea más útil dejar de preguntarnos:

“¿En qué etapa estoy?”

y comenzar a preguntarnos:

“¿Qué estoy necesitando hoy para vivir con esta pérdida?”

Parece un cambio pequeño, pero cambia mucho la manera de mirar lo que estamos viviendo.

A veces miramos hacia la pérdida y otras veces hacia la vida

Hay una forma de entender el duelo que se parece mucho más a lo que sucede en la vida cotidiana.

Se conoce como Modelo de Proceso Dual del Duelo, desarrollado por los investigadores Margaret Stroebe y Henk Schut.

Explicado de manera sencilla, durante el duelo podemos movernos entre dos necesidades.

Hay momentos en los que nuestra atención está puesta principalmente en la pérdida.

Extrañamos. Recordamos. Lloramos. Pensamos en lo que pasó. Miramos fotografías. Nos preguntamos cómo sería nuestra vida si esa persona todavía estuviera aquí.

Pero también hay momentos en los que nuestra atención se dirige hacia la vida que continúa.

Hay que trabajar, preparar comida, pagar cuentas, resolver asuntos pendientes, cuidar a los hijos, salir con alguien o aprender a hacer cosas que antes hacía la persona que murió.

Y vamos de un lado al otro.

Esto es importante porque significa que estar bien durante algunas horas no quiere decir que el duelo haya terminado y volver a sentir tristeza tampoco significa que hayamos regresado al principio.

Estamos moviéndonos.

“Pero yo ya estaba bien…”

Quizá esta sea una de las partes más difíciles.

Cuando llevamos algunos días buenos empezamos a pensar que aquello ya pasó. Entonces llega un día complicado y podemos interpretarlo como una recaída.

Imagina, por ejemplo, a una mujer que pierde a su mamá.

Durante los primeros meses le cuesta entrar a la cocina porque ahí pasaban mucho tiempo juntas. Poco a poco vuelve a cocinar. Empieza a disfrutarlo otra vez y durante varias semanas se siente más tranquila.

Un domingo prepara una receta que hacía su mamá.

Reconoce el olor.

Y llora.

¿Regresó al punto de partida?

No.

Ahora existe algo que no existía durante los primeros días. Ha vivido varios meses sin su mamá, ha aprendido algunas cosas, ha tenido experiencias nuevas y ha comenzado a reorganizar partes de su vida.

El dolor apareció otra vez, sí.

Pero ella ya no está en el mismo lugar desde el que comenzó.

Volver a llorar no borra lo que has avanzado

Esta idea vale la pena repetirla porque muchas personas se juzgan precisamente por esto.

Volver a llorar no borra los días en los que pudiste levantarte y continuar.

Sentir tristeza nuevamente no elimina las semanas en las que comenzaste a recuperar tus actividades.

Extrañar muchísimo a alguien un día tampoco significa que hayas perdido todo lo que habías avanzado.

El dolor puede cambiar de intensidad porque también cambia lo que sucede alrededor de nosotros.

Hay cumpleaños, aniversarios, Navidad, canciones, lugares, olores y conversaciones que pueden despertar recuerdos muy fuertes.

Y algunas veces el dolor aparece precisamente en momentos felices.

Te sucede algo bueno y automáticamente piensas:

“Cómo quisiera poder contárselo”.

Y ese momento puede doler muchísimo.

No necesariamente porque estés retrocediendo, sino porque esa persona sigue teniendo un lugar importante en tu historia.

También puedes sentir cosas que parecen contradictorias

El duelo tampoco obliga a sentir una sola emoción.

Puedes estar triste y al mismo tiempo sentir alivio.

Puedes extrañar y estar enojado.

Puedes querer estar acompañado y cinco minutos después necesitar estar solo.

También puedes pasar una tarde agradable y sentir culpa porque, por un momento, te descubriste riendo.

Nada de eso tiene que acomodarse perfectamente para que tu duelo sea válido.

Las personas podemos sentir emociones diferentes al mismo tiempo, aunque algunas parezcan contradecirse.

Por eso intentar colocar cada emoción dentro de una etapa puede terminar complicando algo que ya de por sí es difícil.

Entonces, ¿cómo sé si estoy avanzando?

Quizá no sea conveniente medir el avance preguntándote solamente cuánto lloras.

Podemos mirar otras cosas.

Por ejemplo, puedes preguntarte si poco a poco estás recuperando algunas de tus actividades, si empiezan a aparecer pequeños momentos en los que disfrutas algo o si estás aprendiendo a resolver los cambios que dejó esa pérdida.

También puedes observar si algunos recuerdos comienzan a sentirse diferentes. Quizá todavía duelen, pero no todos duelen con la misma intensidad que al principio.

Y hay otra pregunta que puede ser importante:

¿Estoy encontrando maneras de seguir participando en mi propia vida?

El objetivo del duelo no tiene que ser llegar a un día en el que la persona fallecida deje de importarte.

Tampoco significa olvidar.

Muchas veces avanzar tiene más que ver con aprender a vivir en una realidad en la que esa persona ya no está físicamente, mientras encontramos una manera diferente de conservar lo que significó para nosotros.

Y eso necesita tiempo.

El calendario tampoco decide cuándo debes estar bien

Otra idea que puede generar mucha presión es pensar que existe un tiempo correcto para superar una pérdida.

Tres meses.

Seis meses.

Un año.

Pero cumplir determinada cantidad de meses no significa que automáticamente debas dejar de extrañar o sentir tristeza.

Incluso cuando hablamos clínicamente del trastorno de duelo prolongado, el paso del tiempo por sí solo no basta para establecer un diagnóstico. También es necesario considerar la intensidad de lo que la persona está viviendo, cuánto está afectando su vida cotidiana y su contexto cultural, social y familiar.

Dicho de una manera mucho más sencilla:

el primer aniversario de una muerte no es una fecha límite para dejar de sentir.

No todo sufrimiento debe normalizarse

Ahora bien, decir que cada duelo es diferente tampoco significa que debamos responder a cualquier situación con un “es normal, dale tiempo”.

Hay momentos en los que vale la pena detenernos y buscar ayuda.

Puede ser importante hacerlo cuando el sufrimiento sigue siendo tan intenso que resulta muy difícil realizar actividades básicas, cuando la persona se está aislando cada vez más o cuando el dolor está interfiriendo de manera importante con el trabajo, las relaciones o el cuidado personal.

También debemos tomar muy en serio la aparición de pensamientos relacionados con hacerse daño o con no querer seguir viviendo. En esos casos es importante buscar atención profesional de manera inmediata y no esperar simplemente a que pase el tiempo.

Buscar ayuda no significa que estés viviendo mal tu duelo.

Significa reconocer que lo que estás atravesando en este momento necesita más apoyo.

Tal vez no regresaste al principio

Si hace unos días estabas mejor y hoy volviste a llorar, quizá la pregunta no tenga que ser:

“¿Por qué estoy otra vez igual?”

Tal vez puedas preguntarte:

“¿Qué hizo que hoy doliera más?”

Son preguntas muy diferentes.

La primera parte de la idea de que algo salió mal.

La segunda intenta comprender lo que estás viviendo.

Y el duelo necesita mucho más comprensión que calificaciones.

Habrá días en los que mires hacia lo que perdiste y otros en los que puedas mirar un poco más hacia lo que todavía tienes delante. Algunas veces incluso harás ambas cosas durante el mismo día.

Eso no significa necesariamente que estés haciendo mal tu proceso.

Significa que estás intentando aprender a vivir después de una pérdida importante.

Y aprender algo así rara vez ocurre en línea recta.

Si el duelo está siendo demasiado difícil

Si te identificaste con varias partes de este artículo y sientes que la pérdida está ocupando prácticamente todo tu día, que te está resultando muy difícil retomar tu vida o simplemente notas que necesitas hablar de lo que estás viviendo con alguien que pueda acompañarte profesionalmente, considera buscar apoyo psicológico.

La psicoterapia puede ofrecerte un espacio para comprender lo que estás sintiendo, trabajar aquello que está resultando especialmente difícil y encontrar poco a poco maneras de reorganizar tu vida sin pedirte que olvides a la persona que perdiste.

No necesitas esperar hasta sentirte completamente rebasado para pedir ayuda.

A veces buscar acompañamiento profesional también forma parte del proceso de aprender a vivir con una pérdida.

Como siempre, te dejo un abrazo

Juan José Díaz

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